Cerca del corazón salvaje

Cerca del corazón salvaje

Danza mobile entusiasma al público con „IDEM (qué monocigótico me siento)“ y „SendaS“

Dos hombres jóvenes igualmente vestidos frente a un micrófono. Uno de ellos intenta advertirnos
sobre la coincidencia de la presente similitud, de posibles arquetipos y prototipos, de que todo lo que vemos no pasa de mero acaso. Su intento no encuentra eco en su compañero, contradiciéndolo a cada vez.

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Jaime García y Arturo Parilla © Holger Rudolph

En los primeros 5 minutos de la corta pieza de danza „IDEM“, en la que brillan Arturo Parilla y Jaime García, se escucha un jocoso discurso acerca del derecho a la individualidad que luego cae por tierra. Cuando empiezan a moverse, uniéndose y separándose, lanzándose al suelo o dándose las manos, el discurso que predica dicho derecho adquiere una posición de menor o ningún valor; la tónica reside ahora en la exposición de una ambigüedad que alude al título de la pieza.

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Jaime García y Arturo Parilla © Holger Rudolph

La sinuosidad de movimientos dispuestos en secuencias de gestos claros alcanzan gran vivacidad, sobre todo por que les acompañan momentos de comicidad que remite uno al gracioso universo de Chaplin.

El dúo establece  una correspondencia corporal en que sensualidad y graciosidad prevalecen sin para tanto hacerse uso de exagerada expresividad, al contrario, consiguen un reducionismo que no es purismo, más bien la elección de una coreografía que evita trucos y opta, con decisión, por el uso comedido y claramente determinado del cuerpo y sobre todo del espacio.

Libre de demasiadas cargas de emoción qué monozigótico me siento es una pieza de lógica comprensible y de graciosos instantes que hacen uno olvidar el tiempo.

En „SendaS“ dos mujeres jóvenes caminan lado a lado,delimitadas por una línea de arena. hacia la parte extrema del espacio. Los pasos firmes, como si hubiera un claro destino que alcanzar, una meta a seguir.
De súbito, sus cuerpos se encuentran y cada un a su propio ritmo engendra una cadena de movimientos sensuales hasta  que se establezca una especie de diálogo non verbal.

Una delante de otra, mutuamente, el ritmo en igual constancia, gestos que se asemejan a abrazos luego a repulsa, luego deseo, luego caricia, luego golpeos. Inmersos en una secuencia de movimientos que se van encajando y desencajando, rápidamente, lentamente.

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Sara Gómez Barker y Ana Erdozain © Holger Rudolph

Los movimientos, con el aumento de velocidad, adquieren gran sensualidad y los brazos se entrelazan, se sueltan, vuelven a entrelazarse para luego soltarse y rápidamente como dos niños que juegan o como amantes que aman o combatientes que pelean, son ahora un sin fin de brazos como tentáculos que buscan algo que estuviera fuera de su propio cuerpo.  Encajándose, desencajándose.

Y así sigue en una incesante dinámica que conoce solamente a su propio tiempo y obedece solamente a su propia lógica: cerca del corazón salvaje.

La coreografía de Ana Erdozain sorprende por su rara belleza.